Casi cerrando el año 2018 se divulgó y se aprobó la versión definitiva del proyecto de Constitución que será sometido a referéndum este 24 de febrero. En sesiones parlamentarias algo más largas que las habituales, pero aún insuficientes, se hizo el último debate de lo que sería la futura carta magna.
Y más allá de tendencias, deseos, matrices y desconocimiento pasó lo que sabíamos que iba a pasar. Cientos de proyecciones e “informaciones´´ se equivocaron totalmente, aquellos que pronosticaban una apatía generalizada hacia el proyecto y reuniones vacías para su discusión erraron otra vez. Según cifras oficiales, que como todas cifras hay que tomar conservadoramente, participaron más de 9 millones de cubanos en cerca de 133 mil reuniones. Acerca de la participación de 9 millones de ciudadanos tengo mis dudas. Casi todas las personas tuvieron la oportunidad de participar en al menos 2 de esas reuniones, y casi en ninguna celebrada fuera de centros de trabajos o estudios la participación fue superior al 70%, pero si hubo buena participación, y se creó un buen debate popular.
Sobre el proyecto presentado como definitivo, aunque no tuvo tantas críticas como su antecesor, también cogió lo suyo, pero en este caso, la mayoría sin sentido. Una de las más significativas y repetidas es el señalamiento de que la consulta popular (que no el referéndum) no tuvo carácter vinculante. Seamos claros, en ningún proceso constituyente del que tenga conocimiento se ha producido un debate similar. El único ente con poder constituyente es la Asamblea Nacional, que al no existir un proceso definido para emprender la Reforma, eligió hacerlo como lo hizo. Puede que no nos guste, pero es totalmente legal. Además, el anteproyecto presentado tuvo casi un 50% de modificaciones, con 760 cambios. Así que no tuvo carácter vinculante pero se respetó la voluntad popular.
Otras críticas son realmente risibles, como son el mantenimiento de términos de “resonancias colonialistas´´ como Gobernador. Provocarían risa sino fuera porque están expresados en medios que supuestamente son serios. Realmente no tengo muchos argumentos para rebatirlos por la propia entidad de la propuesta. Si nos pusiéramos a ver el origen de cada palabra, cada siglo y medio tendríamos que cambiar el diccionario, y por solo citar un ejemplo, los cristianos dejarían de usar la cruz como símbolo porque representa un instrumento de tortura romano.
También se critica el método de elección del Presidente de la República, pues no será por elección directa, sino que será hecha por el parlamento. El sistema parlamentario es tan válido como cualquier otro sistema, no veo a los que hoy rompen lanzan por la elección directa en Cuba criticando la monarquía saudí o el parlamentarismo inglés. Y no me vengan ahora con la tradición. La Republica de Cuba se fundó en 1902, contando todo el tiempo hasta 1959 (en ese periodo hubo intervenciones norteamericanas y golpes de estado que nada tuvieron de presidenciables) no llegan a los 60 años del gobierno revolucionario, periodo donde el poder ejecutivo ha radicado o en un primer ministro o un presidente electo por la Asamblea Nacional. Cierto que hubo numerosas propuestas a favor de la elección directa, pero tampoco que fuera el centro del debate.
Un tema del que todos hablaban y que supongo a todos les gusta es la inclusión del comunismo como aspiración. Veamos, en este mismo blog señalamos que resultaba contradictoria la existencia del Partido Comunista en el poder que no existiera como aspiración constitucional. Pero ya se rasgaban las vestiduras los más papistas que el Papa y los más comunistas que Marx, señalándolo como indicio cambio de rumbo de la Revolución, supongo que ya estén contento. Y desde el otro lado del estrecho de la Florida lo entendían como que el proceso había perdido el rumbo. Ya está, ¿ahora van a criticar también que lo pongan?
Si para algo sirvió la consulta popular fue para mejorarla, sobre todo lo relacionado con los derechos civiles y en general lo que tiene incidencia practica en la vida cotidiana. Para lo que no sirvió fue para mantener el artículo 68 que recogía el matrimonio homosexual explícitamente.
Pero sucedió exactamente como habíamos previsto en un post anterior: “ considero que el artículo más polémico de todos, el 68, será modificado. Si las comisiones encargados del proyecto de constitución son inteligentes, y creo que lo son (quiero creerlo), lo cambiarán, pues encuentra mucha resistencia en determinados sectores que podrían votar en contra de todo el proyecto solo por ese punto. (…)Creo que no eliminaran de tajo el susodicho artículo, solo encontraran una forma de tal que en posteriormente sea interpretable de la forma que está ahora.´´ Como está redactado no se menciona la cualidad de sus componentes, solo se dice “integrantes´´ y “cónyuges´´. Esto se traslada para un futuro Código Civil que deberá aprobarse en un plazo de 2 años. Todavía le queda mucho por hacer a los promotores del matrimonio homosexual que deberán reorganizar sus fuerzas y replantearse sus estrategias, dejar descansar el debate, y proseguir su lucha dentro de un año.
La constitución es superior al anteproyecto presentado, y notablemente superior a la de 1976 aún vigente (que repito, puso el listón muy bajo, demasiado). Y presenta avances significativos y elogiables desde cualquier lugar, claro que los perseguidores del cualquier nacimiento le encontraran muchas manchas como al sol, aunque en cada una de esas manchas quepa el mundo. Solo falta esperar que se apruebe, y que su implementación no tenga nada que ver con la 1940, que pasó a ser una de las más avanzadas del continente a letra muerta.

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