No hacen falta alas para hacer un sueño

Para Lyta, que me hace soñar

Sobre todo estando despierto

 

“Nunca nos dimos cuenta que la vida no era solo ir y venir de vuelta´´.

Esta frase la vi casi a diario durante 3 años de mi vida. Lo paradójico es que estaba escrita en la ventanilla del ómnibus en que iba y venía de la escuela. O tal vez no era para nada paradójico. Lo que sí sé es que para mí la vida no era ese ómnibus.

Aunque también sé que hay personas para quienes la vida puede ser como ese ómnibus. Incluso menos, como ese vecino cuya única aspiración es llegar temprano a buscar el pan. O personas que no piden vacaciones en sus trabajos porque su trabajo es su vida. Personas que existen solo en las fiestas porque no saben ser afuera. Personas que viven en sus libros y tienen cien años de soledad. ¿Pero tendrán vida más allá de ir y venir?

Todos tenemos sueños, sueños de todo tipo. Casarse vestida de blanco, escribir un libro que revolucione la literatura mundial, decidir una Serie Mundial para los New York Yankees, hacer una película, inventar un beso para su novia virtual, tener un blog, viajar y escribir sobre las experiencias de los viajes… Entonces, ¿por qué no lo hacemos?

Cierto que todos no podemos decidir la Serie Mundial, ni todos podemos escribir el non plus ultra de la literatura. Pero todos podemos cumplir ese sueño más profundo de HACER, de poder sentarnos luego con los nietos y contarles nuestras historias. O sonreírnos con sana malicia cuando las historias de este abuelo no sean contables.

Tal vez no tienen que ser historias extraordinarias de molinos convertidos en gigantes, ni de diablos aparecidos en Moscú, ni de 200 km malditos en una madrugada. Pero sin dudas tienen que ser nuestras historias. Las historias que nos hicieron sentir vivos, con las que lloramos, con las que reímos, en las que están el amigo y el que lo fue, las de la necesidad y las de la abundancia, la de aquella vez que subimos al pico más alto y en la que nos sentamos en la avenida más concurrida a conversar de lo humano y lo divino por más de cinco horas. Historias nuestras, sencillas, quizás intrascendentes para otros, pero que sean nuestras y que nadie nos pueda quitar. Historias que serían ordinarias si no fuera porque cuando las hicimos estábamos acompañados de la persona más extraordinaria, casi un ser de otro mundo.

Esos son los sueños que todos podemos cumplir, para los que no hacen falta alas, para los que basta con las manos, basta con el pecho, basta con las piernas y con el empeño. Los que demuestran que la vida no es ir y venir de vuelta; es el viaje, las peripecias, y sobre todo, la compañía.

 

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